Sensaciones: Uyuni y Siloli.

Percepción extremecida

Mientras el viento responde a los sonidos de lo invisible, los pasos retumban entre la nada con un ritmo ensordecedor. Se cierra la esfera amorfa que recordamos y se abre paso al infinito. A lo que nunca existió pero que en cierto momento resonó entre volcanes. A la nada. Al comienzo y al final. Y al límite, de todo.

Una sombra forma monstruos que no hacen daño, reflejos que enloquecen los recodos, fantasmas que penetran los sentidos. Es inevitable. La alfombra que se abre bajo los pies ilumina la piel al tacto de esa brisa que viene de lo invisible.

-Bienvenido al desierto- susurra-, has entrado en un lugar que se ocultará bajo tus poros hasta el purgatorio.

 

¿SUTILEZA?

Tierra de nada
y de nadie.
Vence la ley y se traba
entre la mueca que deja fluir llena
de nadie sabe qué.
Recorre el olor de lo interno
y se queda.

Por siempre.

Destroza el pasado sin
a penas Recordar qué soy,
qué fui.
Quién mierdas seré.

Se queda impregnada.
Como si sólida fuera la sangre,
que cambia el follaje de nada
y de nadie.
Que oculta el más mínimo sollozo
y que brilla, sin que
nada lo alumbre.

Y que suena,
sin dar paso a la música.
Y que llora,
sin mojar los párpados.
Y que huye,
Sin tener miedo alguno.
Sin ser nada
y sintiendo todo.

Laura.

Un comentario en “Sensaciones: Uyuni y Siloli.

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