LAGO TITICACA

Salir de paisajes llenos de cumbres para adentrarse en un lugar, cuanto menos, lleno de armonía y tranquilidad, es (desde luego) la guinda del pastel que Perú ofrece en cuanto a contrastes naturales y sensaciones personales.

Titicaca es el lago navegable a mayor altura del mundo. Y no sólo eso. También es el lugar donde mejor se combina la necesidad de respirar profundamente navegando por sus aguas con la calma que acecha a cada instante que se marca un paso más en sus islas.

Llegar por libre es complicado y aunque parezca que lo has conseguido es un engaño. Tras un largo viaje en autobús, desde Puno se puede preguntar por los barcos que parten a las islas y adquirir los boletos más baratos; ojo con los horarios entre los recorridos establecidos. Nuestro itinerario consistió en conocer Uros, Amantaní y Taquile, pasando noche con una familia de Amantaní.

Isla de Uros.

Sin destacar el espectáculo turístico que tanto menosprecio habitualmente y que se extiende por cada una de las islas Uros, recalcaré que sus habitantes (como 6 o 7 por isla) actualmente viven de ello y de la artesanía (en su mayoría vendida también a turistas), con lo cual: open mind; de algo tendrán que vivir a día de hoy. Su mayor atractivo es que son un conjunto de construcciones artificiales flotantes realizados con la planta Totora que crearon los denominados Uros: un pueblo ancestral que vive en las islas que llevan su nombre.

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Amantaní.

Cambiando drásticamente de estética, en esta isla se encuentran varias comunidades (que nada tienen que ver con Uros) esperando a que lleguen turistas a alojarse en sus casas para compartir costumbres y tradiciones. Magia y encanto se mezclan para ofrecerte una auténtica visión de su forma de vida y meterte de lleno en el papel de sus gentes. Una isla sin electricidad, donde la única luz que existe es la de la luna y las estrellas (y las velas que alumbran las cenas y los paseos nocturnos) y por consiguiente, el cielo se convierte en el principal protagonista, digno de admirar, por sus atardeceres y con aún más razón: por dejarnos disfrutar la enorme vía láctea a la perfección (QUÉ PEDAZO DE CIELO, JAMÁS PODRÉ OLVIDARLO).

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Taquile.

Por el contrario, no puedo hablar con la misma emoción de Taquile. Estoy convencida de que ofrece millones de sensaciones parecidas pero que no pude disfrutar. Eso sí, las vistas desde el desembarcadero hasta la plaza principal se te cuelan solas en la tarjeta de memoria de la cámara. Qué maravilla.

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En general, la parte de Titicaca peruana tiene dos opiniones: o te gusta mucho o te deja indiferente. Mi paso por allí fue bastante gratificante, fue un alto en el camino, un respiro de aire fresco, un descanso que me llevó a disfrutar de otras cosas.

Espero que todo el que vaya pueda verlo a través de las mismas lentes que yo, con los mismo ‘filtros’.

Siguiente parada… ¡Amazonía!

Laura.

2 comentarios en “LAGO TITICACA

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