QUÉ HACER EN EL DESIERTO DE ATACAMA

Mientras se deslizaba por las dunas se dio cuenta de que la caída no iba a ser mortal. Inevitablemente se acordó de que estaba en el Valle de la Muerte y que su nombre no hacía gloria a su encanto. Como si de otro planeta se tratara, los picos triangulares y apelmazados, las rocas deformadas, las dunas de arena fina y los cráteres, imponían su humildad sobre ella y acompañaban la sutileza que la caracterizaba en su largo viaje sobre el desierto. Los volcanes no paraban de mirarla con un gesto extraño; ella estaba anonadada y buscaba algo que no sabía qué era. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de que allí no llovía y de que no existían las flores. Continuamente se preguntaba si las echaba de menos. También se preguntaba dónde estaban las criaturas que habitan cualquier paraje bonito. Y es que estaban escondidas, posiblemente porque se avergonzaban de su rareza sin darse cuenta de lo queridas que son en aquel remoto lugar.

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BIENVENIDO A ATACAMA

Siempre me ha llamado la atención el desierto. Atacama es el más árido del planeta y su relieve marca una clara definición volcánica. Situado al norte de Chile, junto a la frontera de Bolivia, ofrece un sinfín de actividades y rutas en las que posiblemente te encuentres verdaderamente solo. Las noches son frescas y los días cálidos. El cielo despejado deja que el sol te incite a bañarte en alguna de las lagunas y por la noche se ve perfectamente la vía láctea. Es un lugar para alucinar.

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San Pedro de Atacama.

He aquí el lugar en el que te alojarás si visitas el desierto de Atacama. No es difícil darse cuenta de que en el fondo es un pueblo meramente turístico para todo el que se adentra en el desierto. Los precios se disparan si acabas de pasar la frontera de Bolivia y aunque seguimos en los Andes, cuesta apreciar la cultura tan viva que invadía Bolivia y Perú. Un sinfín de agencias ofrecen excursiones hacia los lugares más emblemáticos de esta zona árida. Es preciso saber que cualquiera de ellas se pueden hacer alquilando una bicicleta y así ahorrarse ir con un grupo de turistas. Es más, todo se encuentra relativamente cerca.

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Las noches en San Pedro.

Las noches son tranquilas pero animadas. Muchos bares tienen música andina en vivo. Nosotros nos aficionamos a un grupo que tocaba varias versiones en algunos  bares de este lugar. Los garitos y discotecas como tal no existen, pero sí que se organizan fiestas clandestinas a las que cualquiera se puede apuntar. También hay excursiones nocturnas como Sand Board, donde ponen música actual para convertir este deporte en un festín; o el observatorio de estrellas, donde con el cielo despejado dicen que se ve la vía láctea perfectamente bien.

Valle de la Muerte.

Utilizamos el sandboard para conocerlo. El nombre de este valle se entiende perfectamente a la llegada. Numerosas rocas y montañas con vértices aparentemente hechos aposta lo rodean. Junto a ellas, las dunas marcan su territorio, llamándote amablemente a que las subas y contemples el resto. Lanzarte por ellas con una tabla mola. Es una actividad complicada si no has hecho nunca skater, snowboard o el propio sandboard y cansa subir a pie para volver a lanzarte. Igualmente es una buena experiencia.

Valle de la Luna.

Sin duda, es obligatorio ver el atardecer en este lugar. Este valle es simplemente maravilloso. Hay varios miradores desde los que se ven las deformadas rocas y las explanadas picudas. Además hay algunas grutas de acceso sencillos que merecen la pena. Desde luego que lo mejor, es el atardecer. Abarrotado de turistas, pero precioso. Desde lo alto de una de las dunas que forman parte de este paraje, se ve cómo el volcán Licancabur y sus colegas van cambiando de color conforme el sol, desde frente, se va ocultando. Fue un momento fascinante.

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Laguna Céjar:

Coger una bicicleta y un mapa es muy sencillo. También es muy bonito. Pocas cosas encontrarás por el camino: algún camión, algún rebaño de ovejas y en función de la hora a la que vayas puede que encuentres los buses de turistas. Nosotros salimos a las 9 am.

Nuestra sensación allí fue meramente relajada. Tras un viaje en bici de una hora aproximadamente por el desierto, con un paisaje que no deja de mirarte de reojo, llegamos a las lagunas y nos dimos cuenta de que estábamos solos. Lo único que nos faltó fue bañarnos en pelotas. El agua está helada. completamente fría. Tuvimos la suerte de que el sol nos acompañaba y pudimos flotar (literalmente) dentro de la laguna Céjar gracias a la gran cantidad de sal que lleva.

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Otras cosas que hacer:

Hay muchos más lugares de interés: el salar, las lagunas altiplánicas, los Geisers del Tatio, etc. Nada nuevo si vienes del altiplano boliviano, aunque nunca está de más verlo. De hecho, hasta no hace mucho Atacama daba nombre también al desierto que se encuentra en el país vecino. Tras la guerra se decidió poner frontera también al desierto y por ello se le cambió el nombre al que se encuentra dentro de Bolivia, llamándose así “Siloli”. El cambio natural entre ambos no se aprecia apenas. Ambos desiertos te dejan anonadado si los visitas.

Nos vemos en Valparaíso y Santiago.

Laura.

4 comentarios en “QUÉ HACER EN EL DESIERTO DE ATACAMA

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